martes, 2 de febrero de 2010

PSICOLOGÍA Y SOCIEDAD. VIII Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos

Por Ps. Carla Valverde | Mat. 5478 | carlaavalverde@hotmail.com
Especial para El Vecino

Los Congresos de Salud Mental y Derechos Humanos, organizados por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, son acontecimientos político académicos. En todos ellos se han realizado acciones múltiples de afirmación de las prácticas sociales críticas como principal fuente de producción de Salud Colectiva.
El de 2009 no fue la excepción, y continuó con el concepto y la creación de espacios de encuentro, intercambio, construcción de redes, invención de praxis compartidas, vínculos que alojan y potencian las capacidades de socializar luchas y conocimientos, ya que no es en los encierros sometidos al individualismo y la indiferencia en que los que se desatan colectivamente las fuerzas del sujeto político libertario.
Las Madres, desde su inicio como organización y movimiento, fundamentaron su devenir en el formar al sujeto colectivo crítico, solidario, digno en su condición socio – histórica.
Marchan hace 32 años todos los jueves, sin haberse detenido ni una sola vez. Sin dar un paso atrás, forjan Marchas para luchar y construir los senderos hacia una nueva sociedad, nuevos hombres y mujeres. Y como no podía ser de otra manera el Acto de Apertura del Congreso se realizó un día jueves, durante la marcha de todos los jueves, junto a las Madres, en la Plaza de Mayo.
Luego, por la tarde, en el Auditorio de la Sede I de la Universidad, se realizó un breve acto para dar inicio a las actividades académico política del 8º Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos.
El mismo tuvo una extensión de cuatro días y ofreció multiplicidad de actividades con el objetivo de posibilitar la mayor cantidad de recorridos, formas de intervención, cooperación e intercambio. Las actividades se desarrollaron a través de Conferencias, Mesas Redondas, Seminarios, Presentaciones de Trabajos Libres, Talleres, Pósters y Muestras. Los asistentes-participantes que concurrieron al mismo eran de diferentes puntos de nuestro país, de Brasil, de Uruguay y de Chile, entre otros.
Cabe destacar las disertaciones magistrales de los psicoanalistas Juan Carlos Volnovich, Emiliano Galende, Ricardo Rodulfo, León Rozitchner, Enrique Carpintero, entre otros.

Banalización de la injusticia social
En una de las conferencias se planteó la “banalización de la injusticia social”, que corresponde al título de un libro de un psicoanalista francés, Christophe Dejours. Lo 'banal' es lo 'trivial, común, insustancial', lo que no tiene interés. Se puede pensar que en nuestro país, desde hace, tiempo la injusticia social se ha convertido en algo “trivial” o “insustancial”. Aquellos que han perdido su empleo, aquellos que no pueden encontrar uno (desempleados primarios) o encontrar uno nuevo (desocupados de larga duración) y que sufren el proceso de desocialización progresiva, en definitiva, sufren. Y es justamente éste proceso el que conduce a enfermedades mentales o físicas, o, a las dos a la vez.
Hoy en día todos comparten una sensación de miedo por sí mismo, por sus seres cercanos, por sus amigos o por sus hijos, frente a los riesgos de la exclusión. Todo el mundo sabe que cada día se agiganta el número de excluidos y al mismo tiempo las amenazas de exclusión; y nadie puede esconderse tras el velo demasiado transparente de la ignorancia que disculparía. Pero no todo el mundo comparte el punto de vista según el cual las víctimas del desempleo, de la pobreza y de la exclusión social, serían también víctimas de una injusticia. Muchos ciudadanos pueden justificar compasión, piedad o caridad, pero no desencadena necesariamente indignación, cólera ni llama a la acción colectiva.
El padecimiento no suscita un movimiento de solidaridad y de protesta.
El problema de la justicia o de la injusticia implica en primer lugar la pregunta por la responsabilidad personal: ¿la responsabilidad de algunos dirigentes y nuestra responsabilidad están o no implicadas en este malestar? Como también cabe pensar el proceso que favorece la tolerancia social al mal y a la injusticia.
La escala de valores de los hombres está bastante tergiversada. Ahora reina el consumismo, el relativismo, la injusticia y la búsqueda del propio bien, en cambio, nadie se preocupa ya por la búsqueda del bien común.El bien común tendría que ser el objetivo primordial. Pero este sistema donde el trono lo conserva el individualismo nos lleva a la propia (in) satisfacción personal, que no hacen al bien común.
En definitiva, se ha perdido la solidaridad. El hombre se ha convertido en un mero producto de la posmodernidad.